Altares: mi mundo alrededor.

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Nuestra naturaleza nos lleva a crear un mundo de confort a nuestro alrededor. Tendemos a rodearnos de espacios que nos agradan y que hacen que, sin cambiar nada, sintamos comodidad. Buscamos, incluso de forma involuntaria, que nuestro entorno sea un reflejo de nuestra vida o, al menos, de cómo nos gusta sentirnos arropados.

Esto lo realizamos, en muchas ocasiones sin darnos cuenta, en todos los ámbitos de nuestra vida, ya sea en entornos profesionales o en lugares más personales. Se produce en las oficinas, las aulas o los despachos.

Uno de estos espacios es sobre el que hoy quiero reflexionar hoy se trata de nuestro lugar de trabajo. Es un emplazamiento que puede combinar los dos entornos que antes mencionaba. Desde el punto de vista profesional tenemos asignado un lugar concreto donde desarrollar nuestra actividad. Además, es habitual que tengamos en nuestros hogares algún espacio que nos sirve para realizar actividades de carácter intelectual, profesional o de estudio.

Estos lugares nos dan la seguridad de la que hablaba antes. Nos proporcionan un ambiente que tenemos bajo control y que nos arropa a la hora de efectuar cualquier actividad. Este escenario contribuye decisivamente a crear un atmosfera especial que hace que nos sintamos a gusto, cómodos. Y buscamos ese rincón concreto, esa habitación que nos inspira o esa mesa que acoge nuestro mundo. A esto último me quiero referir en este artículo.

La mesa, el espacio físico donde trabajamos, reúne todo lo necesario para realizar nuestra tarea. Es sitio que nos sirve para planificar un proyecto o desarrollar una presentación. También es el lugar de análisis de propuestas y de toma de decisiones. Nos sentamos a reflexionar y a programar actividades. Es campo sobre el que extendemos nuestro trabajo y sembramos ideas.

Yo creo que es el terreno donde realizamos nuestras actividades más importantes. A mi me gusta calificar a mi entorno más inmediato como mi altar. Mi mundo alrededor.

Y aquí desarrollamos nuestros propios rituales para el trabajo intelectual: reproducimos una música que nos lleva a la concentración, escribimos con una pluma cuyo trazo dibuja nuestros pensamientos, consultamos un diccionario que nos clarifica el significado de una palabra, fijamos nuestra vista en un reloj que marca y acompaña nuestro tiempo o garabateamos sobre un cuaderno cuyas hojas acogen nuestras ideas.

Nuestro ambiente contribuye a que seamos más productivos y a que el trabajo se desarrolle mejor, simplemente por el hecho de encontrarnos en nuestro elemento, en un hábitat que nos hemos creado a nuestra medida. Es innegable que cuando tiene comodidad tu entorno, la actividad fluye de una manera más fructífera. El contexto propicio desencadena una sensación de buen ambiente en nuestro cerebro y hace que le situemos en su medio y encaje para trabajar tal y como deseamos.

Yo necesito de esa música personal, de esa lámpara que proporciona una luz especial, de esas carpetas que recogen mis apuntes, de esa agenda con las tapas gastadas o de esos rotuladores para iniciar cualquier tarea.

Imagen © MyT

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Una respuesta a Altares: mi mundo alrededor.

  1. David dijo:

    Por eso hay que tener la mesa organizada porque si no lo está, todo lo que haces en la mesa te resultará más difícil. Me ha encantado

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