Aprendemos por imitación.

imitacion

Sentarse a ver cómo se recorta una figura imposible. Prestar atención a esa persona que hace una fotografía irrepetible. Ver cómo se atan los cordones. Conseguir comprender todas las variables que llevan a la resolución de un problema cuando alguien nos lo explica. Realizar un esquema de las ideas principales de un texto. Fijarse en ese toque que alguien sabe dar a una comida. Analizar sintácticamente una oración subordinada. Dibujar un alzado de una figura.

Todas estas actividades las realizamos poniendo atención sobre quien las lleva a cabo. Nos fijamos en la manera que alguien toma el lápiz, utiliza la regla o distribuye el espacio. Vemos cuáles son los pasos que se ejecutan y cuál es su orden. Anotamos los materiales que se necesitan o la bibliografía que hay que consultar. Planificamos las tareas una a una para, partiendo de cero, llegar a conseguir nuestro objetivo.

Y todo esto lo aprendemos por imitación. Fijándonos en alguien que sabe desarrollar de manera correcta y precisa la actividad.

Utilizamos siempre la referencia para asentar el conocimiento. En cualquier procedimiento necesitamos saber el camino que debemos andar para poder luego reproducirlo. Nuestra mente es tan potente que una vez que le hemos enseñado algo, archiva la manera de poder volver a realizar ese proceso.

Evidentemente esto conlleva un entrenamiento, unos tiempos dedicados a aprender. No somos una cámara que recoge con total fidelidad lo que pasa delante de nuestros ojos y siempre lo reproduce de la misma manera.

La mayor parte de los programas informáticos tienen entre sus características la creación de rutinas que se ejecutan a petición del usuario. Estas aplicaciones pueden ser programadas o bien ser «enseñadas», de manera que el ordenador “graba” lo que le vamos enseñando. Parece muy complejo pero lo único que hacemos es decir «fíjate en lo que hago, memorízalo y luego lo haces tú solo cuando yo te lo diga». Esta es la base del aprendizaje en los humanos.

Todo esto se aprende. Muchas veces hemos escuchado la frase “hay que aprender a aprender”. Lo que significa es que todos los recursos, técnicas y herramientas que necesitamos para este proceso pueden ser asimilados por nosotros, partiendo de cero.

No hay más que fijarse en algo que desconociéramos (tocar la guitarra, usar una aplicación del móvil o jugar al último juego de la consola) y ver cómo es nuestra progresión en el aprendizaje. Lo único que necesitamos que añadir son dos ingredientes imprescindibles: interés y tiempo. Lo que habitualmente no utilizamos. La magia no existe en el aprendizaje.

Analizado esto, las siguientes cuestiones que se nos plantean son ¿qué modelo debo seguir?, si es que estoy dedicado a aprender algo nuevo. O, ¿qué ejemplo debo dar?, si soy docente o formador de cualquier materia. En el primer caso, la búsqueda recae en el alumno, analizando y comparando las distintas fuentes de conocimiento. En el segundo, la responsabilidad es importantísima ya que con la actividad que desarrollen los profesionales se crearan óptimos patrones de aprendizaje.

Imagen © MyT

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Una respuesta a Aprendemos por imitación.

  1. Michel Cola dijo:

    La imitación de la que hablas yo la llamo personas de referencia. Todos hemos tenido a alguien que ha sido nuestro modelo a seguir. Que alucinante es tener a alguien de referencia. Aprender así es maravilloso.

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