Binomio escuela-empresa (1).

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La aspiración de todo estudiante es poder llegar a desarrollarse como un buen profesional dentro de la rama del conocimiento que ha elegido. Son muchos los años de preparación que tienen que transcurrir hasta que se alcanzan unos niveles mínimos de competencias y, sobre todo, de habilidades en las empresas.

El camino es arduo en la mayoría de los casos ya que, paralelamente al desarrollo intelectual de las personas, se va produciendo una maduración en otros ámbitos de su personalidad. En definitiva, se trata de la transición de los jóvenes a la vida activa y adulta, a su inserción en la sociedad desde el punto de vista profesional y laboral.

Esta situación se complica más aún cuando se accede al primer puesto de trabajo. La inexperiencia es la constante que predomina en los currículos de los nuevos trabajadores.

La tendencia actual que se produce en todos los países occidentales es dilatar la incorporación de los jóvenes al mercado de trabajo. Pasan más tiempo en las etapas de educación y de formación. Se produce además un fenómeno caracterizado porque estos se convierten en profesionales de la formación, ya que se encuentran permanentemente matriculados en diferentes cursos. Son personas con altísima formación pero con escasas ofertas de empleo vinculadas a su preparación académica. Esta incertidumbre laboral conduce de manera inexorable a la desmotivación.

La separación entre mundo escolar y mundo laboral es perjudicial para ambos entornos. De no producirse una aproximación entre ambos, las instituciones escolares serán las más perjudicadas ya que perderán el reconocimiento social de ser las entidades encargadas de preparar a los jóvenes para la vida profesional.

La escuela ha perdido su monopolio como único lugar donde se puede aprender. Las habilidades profesionales se desarrollan mejor en las situaciones reales en las que son necesarias. Para ello, la colaboración entre escuela y empresa debe ser ampliada ya que su existencia es meramente testimonial.

Parte del origen de este problema, siendo uno de sus principales obstáculos, radica en el desconocimiento y la desconfianza entre el sistema formativo y el empresarial. Para superar estas trabas, es imprescindible un proceso de apertura que garantice abundante y transparente información. La eficacia del sistema escolar podría ser juzgada por el sistema empresarial y, de modo recíproco, las políticas de selección, promoción o formación de los recursos humanos de las empresas podrían ser evaluadas por las instituciones de educativas.

La convergencia entre las dos culturas será posible si producen beneficios para ambas. La colaboración entre escuela y empresa debe establecerse como una estrategia a medio y largo plazo. Y todo debe basarse en la innovación y renovación de las instituciones de formación, que se encuentran en cada ámbito territorial concreto y próximo a las realidades y necesidades de los sectores productivos.

Si se lograra una estrecha colaboración entre lo educativo y lo empresarial, asistiríamos a un incremento de la calidad en el trabajo y en el ámbito educativo. Todo ello redundaría en mejores estudiantes, mejores trabajadores y, por ello, una sociedad mejor.

Imagen © FreeDigitalPhotos

Composición © MyT

 

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