Cinco propósitos (reales) para el nuevo año: el resultado.

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Los compromisos se hacen para ser cumplidos ya que de no ser así se convertirían en mentiras documentadas. Estos siempre se ofrecen de manera voluntaria porque una parte fundamental de su sentido radica en la libertad para establecerlos.

Hace tres meses, coincidiendo con el inicio del año, escribí mis Cinco propósitos (reales) para el nuevo año. En ese momento y a la vista de lo que en el artículo contaba, remarqué con mayúsculas que eran compromisos REALES. Me pareció importante compartir esto con todos los lectores ya que también era una forma de compromiso con los seguidores de la página.

Ha pasado el tiempo fijado y es hora de pararme un momento y analizar qué ha ocurrido con aquellos deseos y, de nuevo, lo comparto en voz alta.

Lo primero que me proponía era “disfrutar con todo lo que hago”. Es una propuesta compleja ya que engloba mucha de la rutina que nos ocupa todos los días. Hay veces que lo cotidiano se nos hace cuesta arriba y tenemos dificultades para avanzar. Parece que la pendiente nunca acaba y llegar a la cima es imposible. Creo que aquí he conseguido un equilibrio entre la obligación y el disfrute. Cada vez más realizó las actividades y tareas que me agradan, incluyendo aspectos de mi ámbito laboral.

En segundo lugar decía: “aprender y enseñar algo todos los días”. Este ha sido el propósito que he cumplido sobradamente. Mi espíritu curioso e inquieto ha hecho que en todas mis actividades reinase el binomio aprender y enseñar. Creo que es una relación biunívoca pero que he potenciado en el enseñar. Estoy ampliamente satisfecho.

El tercer propósito era “mirar a los ojos de las personas que quiero”. Cumplido al 90%. Las relaciones humanas son las más complejas que existen. No hay una pauta fija o una regla que procure el éxito en todas las ocasiones. Nuestro entorno inmediato es el más importante pero no le concedemos (le concedo) siempre la prioridad que merece. Debo seguir trabajando en este aspecto.

«Dedicarme 5 minutos diarios», rezaba el cuarto propósito. Es donde más he progresado. Pienso firmemente que si el primer objetivo de atención no somos nosotros cómo vamos a dedicarnos de pleno a los demás. Crecer nosotros para crecer con los demás. Me dedico casi los 5 minutos propuestos.

Por último, “escribir todos los días”. Aquí, sinceramente, suspendo. He avanzado mucho en este propósito porque es de los que más me motivaban pero siempre he encontrado (o he fabricado) barreras que me han impedido avanzar todo lo que debiera. Aquí debo emplearme a fondo y hacer mía la frase de Apeles “nula dies sine línea”.

Los propósitos no debemos restringirlos al inicio del año o coincidiendo con épocas de buenos deseos. Nuestra vida debe regirse por compromisos con nosotros mismos, en primer lugar y con el resto de personas a continuación. Comprometernos es crecer en responsabilidad y una de las mejores maneras de fomentar el desarrollo personal y productivo.

Imagen © MyT

 

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