Cuando todo sale mal.

Hay ocasiones en las que, sin quererlo ni buscarlo, todo se alinea de tal manera que parece que se hubiera conjurado el mundo contra nosotros. No existe una pauta o una razón que lo justifique pero la realidad es que, hagamos lo que hagamos, todo saldrá mal.

Y es una situación enrevesada de gestionar porque la reacción inmediata (y comprensible) pasa por poner todo patas arriba, mirar hacia otro lado y tirar la toalla al tiempo que proferimos todo tipo de juramentos.

¿Por qué tengo yo que soportar esto si no he hecho nada para que todo esté en mi contra? Esta es la pregunta que, como un resorte, se agita en nuestra cabeza. Luchar contra nuestra mente suele ser una batalla perdida. Es mucho mejor tenernos de aliados que de enemigos. Si nos tratamos de defender y actuar «por las malas» contra nuestros pensamientos gastamos recursos que no conducen a ningún lado y que, por otra parte. tampoco solucionan el problema.

No veamos confabulaciones como quien ve fantasmas acechantes. La lógica siempre debe explicar estas situaciones. En la mayor parte de las veces, todo no es más que un cúmulo de coincidencias que nos amargan durante un rato. Este debería ser el fin de la situación pero no es así y continuamos empeñados en ver gigantes donde sólo hay molinos.

Cuando nos invade una situación de características similares creo que debemos optar por la razón amparada en el sentido común.

Vayamos por partes.

El primer paso que debemos dar es mantener la calma. Sencillo de decir pero complicado de ejecutar. Si perdemos el control de la situación, ésta decidirá por nosotros. Serán los nervios, el mal momento o el soberano enfado que tenemos los que dominarán el escenario. Seamos racionales de manera que logremos encuadrar qué pasa y por qué pasa.

En segundo lugar, analicemos bien qué está ocurriendo: ¿es un simple contratiempo?, ¿se ha perdido un trabajo ya hecho?, ¿nos afecta a nosotros sólo o, por el contrario, implica a más personas? ¿cambia nuestro ritmo? ¿perturba mi planificación? Estas situaciones son tremendamente explosivas y ruidosas pero luego tienen poca influencia. Lo que sucede es que son altamente desestabilizadoras y esa es su gran potencia dañina. Fijemos bien el daño causado, si es que lo hay, y avancemos.

El tercer paso consiste en ver por qué se han producido esos acontecimientos. ¿Eran evitables?, ¿eran predecibles? ¿alguien los imaginaba? ¿alguna situación vislumbraba este desenlace? Todo lo que posea potencialidad para causar algún problema, debe ser contemplado siempre como una variable anómala en cualquier situación. Si, además, se trata de un proyecto hay que cuantificar su impacto en el supuesto de que se produjera.

Por último, planificar a futuro la posible reincidencia del acontecimiento. Si sabemos las circunstancias en las que algo puede suceder, fijemos medios para mitigarlo. Carece de sentido saber que si una carretera esta cortada la utilicemos a futuro como atajo.

Pensar que todo nos sale mal sin que nosotros hayamos intervenido es una forma de justificar de manera externa (como si no nos atañese) un comportamiento propio. Si diseccionamos las situaciones, comprobaremos que la solución, una vez más, está en nuestras manos y en la aplicación de unas dosis de positividad.

En la próxima tormenta, antes de conjurarnos contra las nubes veamos si teníamos previsto el paraguas.

Imagen © FreeDigitalPhotos

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4 respuestas a Cuando todo sale mal.

  1. Linda bogotá dijo:

    Hoy es de esos días. Además de verlo todo negro es que el cielo está también negro. Leer lo que has escrito por lo menos me ha hecho pararme a pensar en mí misma. No sé si todo está mal por mi culpa o soy yo la que me atribuyo todas las culpas. Por lo menos he pensado en que el tamaño de los problemas lo hacemos nosotros mayor por culpa de darle vueltas a la cabeza. es verdad q como lo pintas es sencillo de comprender y de analizar pero lleva su tiempo. hoy voy a pasar del negro al gris.

  2. Luis Jimeno dijo:

    Lo suscribo totalmente pero me gusta más cuando escribes «La cima la establecemos nosotros. Calzarse las zapatillas y andar nuevos senderos depende en gran manera de nosotros. Superar las barreras radica en nuestro convencimiento y nuestra motivación». En http://maniasytonterias.es/el-miedo-desconocido/

  3. Nacho GR dijo:

    La lucha contra la mente es algo dificil de gestionar y más aún en estos casos, el poder de la conciencia es muy grande y muchas veces actua jugandonos una mala pasada. La identificación con este texto es total y absoluta.
    Gracias por los consejos.
    Cabe decir, por mi parte, que en la próxima tormenta no llevare un paragüas cualquiera, llevare uno de colores que ilumine el problema a resolver aportandome otro punto de vista a la hora de actuar.

    Siempre aprendiendo.

  4. Maries Miguel dijo:

    Si a veces no consigo ni contar hasta 10…. Como me va a ser posible evaluar todos esos puntos??? Me parece super interesante lo que comentas, simplemente que cuando ocurre una situación de este tipo, no se si voy a ser capaz de concentrarme en todo lo que tengo que hacer…. Reacciono y ya está¡¡¡ y despues evaluo.

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