El inicio de todo (y 2).

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Siempre he sido inconformista con el pensamiento único y dirigido. En la discusión de las ideas reside la riqueza del mismo. La edad comporta una serie de cambios que provienen de la experiencia. No es que se esté de vuelta de todo (en algunos ámbitos, rotundamente sí) pero la perspectiva es distinta.

La experiencia combinada con la curiosidad es la receta mágica para no envejecer jamás. Y no hablo de envejecimiento físico, que es irremediable, si no mental. Lo peor que le puede pasar a un ser humano es que su cabeza decida hacerse vieja. Y nosotros contribuimos en muchas ocasiones a que esto ocurra. Vamos al gimnasio para mantener nuestro cuerpo tonificado pero dejamos nuestra cabeza abandonada en las taquillas de los vestuarios.

Me niego en rotundo a equiparar edad con momentos de desidia mental. El tiempo reside por igual en nuestra piel y en nuestras neuronas. A la primera, la hidratamos y la cuidamos; a las segundas, les atamos velas de cumpleaños que no les dejan respirar.

Todos los días deben ser el inicio de algo grande. O minúsculo. Trascendente o liviano. Debemos crear todos los días, independientemente de la fecha que esté marcada en el calendario. Hemos de poner nuestra cabeza a trabajar intensamente en ideas que quizás nunca se nos hubieran ocurrido o en proyectos y empresas que provoquen la sonrisa al que nos oiga contarlas.

El inicio de todo reside en nosotros, con más o menos canas. Somos la mecha que incendia un fuego que nunca debe apagarse. Todo está por crear. Día a día. Mes a mes. Año a año. Una fecha en un formulario no debe ser excusa para ponernos en marcha.

“¿Y si me canso?”, me han preguntado en ocasiones. La respuesta es sencilla. Te sientas, tomas aire y miras entorno a ti. ¿La vida se va a parar a tu alrededor? Si esto no va a ocurrir, ¿crees que debes detenerte?

La edad es la mejor excusa para echar a andar, para pensar, para creer en los otros, para inventar lo inimaginable, para reír y disfrutar, para reflexionar y para transmitir.

Por lo tanto, no me voy a parar y escribiré todo aquello que siempre aplacé. Escucharé toda esa música que espera en alguna estantería. Leeré todos los libros que no encuentran hueco para instalarse en mis manos. Pasearé por aquellos senderos que siempre evité buscando el camino llano y sin dificultades. Conversaré con todos aquellos que el reloj me obliga a posponer una charla relajada.

Realmente no voy a hacer nada distinto de lo que hago todas las horas de mi día. ¿Por qué debería hacerlo? No nos aferremos a falsas excusas que dominan nuestra vida. Es la comodidad de negar la evidencia. No avanzamos porque no queremos. Es momento de reclamar vivir sin pensar en limitaciones, ni siquiera las que nos inventamos por necesidad.

Cada día tengo más edad, es una realidad, pero todos los días pienso que son el inicio de todo.

Imagen © MyT

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Una respuesta a El inicio de todo (y 2).

  1. mer dijo:

    Muy estimulante, sobre todo para alguien se enfrenta a ese «inicio de todo» con muy pocas energías

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