El ticket de la felicidad.

Las historias surgen, en la mayoría de las ocasiones, de detalles minúsculos que pueblan nuestra vida. Algo que pasa por delante de la potencia de nuestros ojos y que carece, aparentemente, de interés.

El artículo de hoy tiene mucho de eso. Pequeños destellos que aparecen como una chispa que ilumina lo oscuro.

Estaba tomando un café después de un paseo al tiempo que charlábamos sobre cualquier asunto. Con la cabeza probablemente cautiva en varios frentes. Todo es inmediato. Todo es importante. Apuro mi consumición y me traen la cuenta.

Aparece el detalle.

Al pie del ticket que me da el camarero surge el destello. Aparecen dos peticiones y un agradecimiento. “Vuelvan pronto”, reza la primera. “Gracias por su visita” dice el agradecimiento. “No se olviden de ser felices” nos piden en segundo lugar.

Sosteniendo el recibo entre mis dedos no pude más que sonreír. Si alguien perseguía un efecto al poner allí esa frase, lo había conseguido. Había acertado de pleno.

La vuelta del paseo que había iniciado tuvo otro paisaje. No paraba de darle vueltas a aquel trozo de papel que en un instante había hecho que le dedicara toda mi atención. La sonrisa quedó instalada en mi rostro durante bastante tiempo.

En ocasiones ni nos planteamos cómo detalles sencillos nos recuerdan cosas primordiales. Detalles que pasamos por alto diariamente. Nos vamos a las grandes palabras, a los hechos magníficos, a las situaciones singulares. Enormes montañas que nos ocultan un brote al lado del camino.

Qué sencillez de palabras albergando una complejidad de deseos y sentimientos. Nada menos que la felicidad envuelta en un ticket de cafetería.

Poner ojos en lo mínimo es, quizás, una manera de abordar lo mayúsculo, lo inconmensurable.

Pasamos los ojos sobre la vida sin que mucha de ella nos impacte. La expresión “barremos con los ojos” es la adecuada ahora. Barremos en el sentido más estricto de la palabra: eliminamos o desplazamos una cosa material o inmaterial. Quitamos de delante de nosotros aquello que es obvio.

Con toda probabilidad aquel día ya transcurrió de una manera distinta a la que había nacido o a la que había pensado. Mínimo detalle que alteró mi cabeza. No hay como darle alimento a nuestros pensamientos para que estos comiencen a multiplicarse.

Cuántas veces cruzamos una mirada con alguien en el aparcamiento, el ascensor o entrando a un local y nos comunicamos. Nos despierta algo que deber estar, supongo, latente en algún recoveco de nuestro cerebro. Y vemos de otra manera.

Cuántas veces, escuchando una canción por enésima vez, descubrimos una frase que siempre había estado pero que nunca habíamos reparado en ella. Y todo se trastoca.

Cuántas veces, al sorprender a alguien, hemos encontrado la felicidad en sus ojos. Y algo nos dice que todo es diferente. Reparar en los detalles es reflexionar de una forma más lenta, más próxima, más íntima.

Cada vez que vuelvo a ese establecimiento disfruto con el paseo, con las vistas de la playa acogiendo el mar y espero ansioso la cuenta.

Imagen © MyT

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Una respuesta a El ticket de la felicidad.

  1. Pili dijo:

    Es verdad que pasamos por encima de lo pequeño porque no le damos importancia y allí reside la mayor parte de la vida.
    Una vez más (y son muchas) impactas directamente en mi corazón. No hay artículo que lea que no me haga pensar un buen rato.

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