Hacer poco pero bien hecho.

multitarea

Existen términos que pasan a formar parte de nuestra vida de manera invisible. Se acomodan en nuestro vocabulario y un día, sin casi darnos cuenta, los empleamos de una forma habitual. Una de estas palabras es multitarea. Y no sólo la aplicamos a dispositivos o programas informáticos. Su uso lo empleamos en relación con las personas.

Y así, sin apenas percibirlo, comenzamos a asignar esta característica a los seres humanos. Calificamos a alguien de multitarea cuando es capaz de realizar, de manera simultanea, distintos trabajos o acciones, al margen de su calidad en la práctica.

Siempre se atribuye un sentido positivo de quien se aplica. Habla de capacidades y posibilidades de hacer mucho al tiempo. Es la realización de varios trabajos a un tiempo, prestando la mínima atención, en teoría, a todos los procesos.

¿Esta característica es mala en un ordenador? Se trata de máquinas capaces de establecer varios flujos de trabajo y realizarlos todos de acuerdo a lo solicitado. La multitarea va ligada al automatismo y requiere de una magnífica gestión de la rutina. Y estas son características intrínsecas a las maquinas, por ello es normal que puedan realizar de forma competente varias tareas al tiempo.

Algo innegable es que el ser humano precisa de concentración para efectuar muchas tareas. Algunas las hemos incorporado a nuestros hábitos o rutinas de vida y las hemos automatizado (conducir o cocinar) de manera que no somos conscientes de la cantidad de acciones simultáneas que desarrollamos.

Algo muy diferente es cuando nos referimos al trabajo intelectual, donde debemos aplicar un nivel superior de concentración. El trabajo intelectual aparentemente más sencillo (leer o subrayar un texto) exige de un foco de atención que es diferente al de cualquier otra labor más mecánica.

Activar nuestra potencia intelectiva sólo se consigue si focalizamos nuestro esfuerzo en esa tarea en particular. Podemos ser capaces de hacer de manera aceptable un trabajo intelectual de forma rutinaria pero su verdadero fruto brota cuando nuestro cerebro emplea la totalidad de los recursos en desarrollar esa tarea concreta.

Todos hemos tenido la experiencia de comenzar la realización simultánea de dos tareas. En un primer momento somos capaces de alternar nuestra atención pero, poco a poco, vamos centrándonos sobre una actividad relegando la otra. Finalizada la primera, retomamos la segunda para llegar a su conclusión. Al final, hemos priorizado en la ejecución para llevarla hasta el final.

Focalicemos sobre una o dos tareas. Tracemos un plan que nos indique cómo abordarlas y ejecutémoslo sin interrupciones. Una vez concluidas, pasemos a las siguientes. Nuestra forma de trabajar debe pasar de la multitarea a la tarea encadenada.

Todo trabajo intelectual que se aborde desde la concentración y la atención tiene altísimas posibilidades de finalizar de manera óptima si no lo que creamos es una inconsistencia en las tareas y unos niveles pésimos de calidad en el trabajo.

Ser productivo no es hacer mucho en el menor tiempo posible, es realizar el trabajo de forma eficiente empleando los recursos adecuados.

Imagen © Photopin

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Una respuesta a Hacer poco pero bien hecho.

  1. Paqui dijo:

    La realidad la describes tal y como es. Estamos todo el día quejándonos de que no llegamos a ningún lado porque hacemos mil cosas a la vez. Y la mayor parte mal. Vivimos en la dictadura de correr para hacer mas pero al final los trabajos son una bazofia. Mi jefe es de los que opina que cuanto más mejor pero no analiza la calidad de ese mas. Me encanta leerte porque paro sobre cosas que pasan por delante de nosotros y no las notamos

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