Los minutos de la rabia.

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Muchas son las tareas que aparcamos porque no nos sentimos con fuerza para realizarlas, nos faltan ganas para acometerlas o, simplemente, no nos apetece enfrentarnos a ellas. La motivación a la hora de hacer cualquier cosa es el motor que nos mueve. Es el interruptor que enciende o apaga nuestros ojos, nuestros brazos o nuestra cabeza. Sin esta fuerza, cualquier tarea se convierte en titánica. El enemigo reconozcámoslo, lo llevamos dentro.

Hoy no quiero hablar de motivación si no de una herramienta que nos permite crear hábitos para luchar contra el aplazamiento de tareas, en definitiva, contra la procrastinación que es el nombre técnico que recibe esta práctica.

Hace ya tiempo que denominé a la técnica que os voy a contar “los minutos de la rabia”. Cuando tenemos un problema, lo primero que debemos hacer es llamarlo por su nombre. Definir las cosas hace que las visualicemos, al tiempo que eliminamos concepciones erróneas y fantasmas que están a nuestro alrededor. Seamos sinceros: nos da rabia hacer ciertos trabajos, tareas o actividades. Ya sea porque no nos gustan o no nos apetecen, no voy a entrar en las razones. Pero también sabemos que son acciones que tenemos que desarrollar o entregar en unos plazos concretos (trabajos, exámenes, exposiciones, informes, estudios o análisis). Y hay que hacerlos sin dilación.

Da igual si se trata de aprender la nueva aplicación de una hoja de cálculo, las tarifas de un proveedor, un trabajo de la revolución francesa, un idioma, el discurso para un evento de clientes… ya que la herramienta vale para todos los procesos.

Su funcionamiento, como ocurre siempre en mis propuestas, es muy sencillo.

En primer lugar, se trata de fijar un tiempo concreto y preciso que vamos a dedicar a la tarea que tanto nos incomoda. Lo debemos determinar en función de varios aspectos: importancia, urgencia, disponibilidad, interés… Aquí no existe un estándar. Pueden ser 10’, 15’ o media hora. Todo en función de la rapidez con la que se quiera acometer la tarea. Por lo general, yo me asigno tiempos de 30’ pues es un periodo que me permite centrarme en la labor y la cantidad de minutos me permite afrontar cualquier tarea.

Después hay que establecer la frecuencia con la que se van a ejecutar estos minutos de la rabia: diariamente, tres veces en semana, dos veces al día… De nuevo la respuesta está en la importancia que le queráis dar a la resolución de la tarea. Si queréis avanzar con celeridad, mayor frecuencia. Si se trata de establecer un refuerzo (de un idioma o de una asignatura) menor tiempo.

En tercer lugar, hay que plasmar por escrito en un calendario los periodos que hemos asignado para ejecutar esos minutos de la rabia. Si tenemos una representación tangible de nuestra planificación, seremos conscientes de que estamos buscando soluciones.

Por último, la clave de esta técnica radica en la constancia y en el hábito. Los minutos de la rabia se sustentan en el compromiso personal de hacer lo pautado con la frecuencia descrita. No es una imposición externa, es un acuerdo que hemos establecido nosotros, por lo que su cumplimiento es inaplazable.

Conozco a varias personas que tienen una especial afición a los rompecabezas. Los más profesionales emplean una técnica similar a esta (aquí no hablan de rabia, claro) para resolverlos con éxito. Todos los días una, dos o veinticinco piezas, pero todos los días. El puzzle se arma sin enterase.

Esta técnica la he puesto en funcionamiento con estudiantes, profesores, directivos de empresas o administrativos y la respuesta común en todos ellos ha sido que al principio les ha costado crearse el hábito pero que, una vez consolidado, funciona de una manera exitosa. Al final, el trabajo se va desarrollando sin que nos hayamos quejado de su carga o de su tedio.

Como siempre se trata de pensar en positivo, os dejo la historia del pintor griego Apeles. Su constancia en el trabajo era tal que no había día que, tuviera ánimo o no, añadía algún trazo a la obra en la que esta trabajando. Se le atribuye la frase con la que hoy acabo: “Nulla díes sine línea” (Ningún día sin una línea).

Imagen © FreeDigitalPhotos

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8 respuestas a Los minutos de la rabia.

  1. Robert dijo:

    Lo probé el año pasado antes de examinarme de Pau y funcionó!!!!!

  2. Nicolás Alegre dijo:

    De puro simple que es, resulta complicado. Creo que exige mucha disciplina que no se si tengo. lo que estoy de acuerdo es que la mejor forma de enfrentarse a algo es abordarlo directamente, sin darle muchas vueltas. Si lograra organizar a si mi tiempo seguro que me irían las cosas mejor.

  3. Félix Sancho dijo:

    De estas tecnicas que cuentas ¿no das cursos? Son muy interesantes per9 me vistaria que fueran practicas

  4. Pingback: La técnica del filete. |

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  7. marina dijo:

    Yo lo he puesto en práctica. Lo primero que hago todos los días es lo qué menos me gusta y me da rabia, pero cuando termina el tiempo que me he reservado para ello, tengo el resto del día para hacer el trabajo que me gusta. De esta manera no se me acumula y evito tener que realizarlo durante un día y que me ponga de mal humor.
    Me parece un articulo muy acertado

  8. Jaime dijo:

    Hola tio y padrino, creo que es una buena tecnica por que si vas realizando la actividad que no te gusta o se te da mal te habrás dado cuenta que ya no te de rabia. Yo la estoy practicando y cada vez me cuesta menos, muchas gracias.

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