Mudanzas mentales.

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No hace mucho tiempo he realizado el segundo cambio laboral de este año. Esto ha implicado, además, el cambio físico de espacio en el que trabajo por lo que he realizado tres mudanzas en poco más de seis meses.

Me gusta el cambio, he de reconocerlo, pero esta vez se han producido de una manera muy seguida lo que ha implicado volver a revisar todo lo desembalado hacía poco tiempo. Para mí, el cambio es abrir ventanas.

Este es un gran momento para hacer limpieza de nuestros entornos y en nuestra cabeza. Cuando nos trasladamos físicamente de un lugar para instalarnos en otro, existe un momento en el que todo el mundo que hemos construido a nuestro alrededor debe ser desmontado para ser reedificado en otro lugar.

El ser humano es, generalmente, una especie acumuladora. Nuestra tendencia es ir amasando una gran fortuna de objetos (y aquí podéis pensar en cualquier cosa), de mayor o menor valor, a nuestro lado.

Este es un comportamiento que reproducimos en cualquier ámbito de nuestra vida y en cualquier lugar en el que habitamos. Puede ser en nuestras casas, en nuestros vehículos, en el cajón del mueble que tenemos más cercano, en la estantería del estudio, en nuestro ordenador (Ordenador desordenado) o en la bolsa de deportes del gimnasio.

Pertenecemos a la raza homo acumulatensis: personas que guardamos de todo por la simple pereza de no hacer una drástica limpieza. El que guardemos no quiere decir que todo esto lleve al desorden o al caos (aunque en algunos casos acumulación y caos van de la mano).

Creo que en la mayor parte de los casos lo que impera es la pereza. Es una desgana por plantarnos delante del cajón o de la mesa y decidir qué vale y qué hay que eliminar. Todos hemos pasado por ese momento en el que arrojamos algo a la papelera y, un minuto más tarde, volvemos sobre nuestros pasos y recuperamos el objeto desechado. Y muchas son las razones que acuden con rapidez a nuestra cabeza: “con el cariño que tengo yo a esa taza”, o bien, “si era un recuerdo que me trajo mi cuñada de la playa”, o también, “realmente no ocupa nada tener una lámpara de lava sobre la mesa”.

No nos engañemos, razones encontraremos siempre. No quiero decir con esto que nuestro entorno deba ser una celda monacal carente de objetos. La mudanza de la que os hablaba al principio es necesaria para limpiar el universo que nos hemos creado. El cambio físico es la excusa perfecta para que todo ese mundo en el que habitamos sea visto con los ojos productivos que siempre os propongo.

Quizás sea el momento de:

– archivar los expedientes que amarillean sobre nuestros escritorios.

– vaciar el bote de bolígrafos y reponer con nuevos instrumentos que sustituyan a los que ya no sirven.

– despejar los tres cajones que tenemos a la derecha de la mesa y que no podemos utilizar porque hace años que rebosan de papeles.

– despegar todas las notas adheridas a la pantalla del ordenador.

– limpiar la torre de bandejas que acumula papeles sin uso.

Al explicar esto en mis sesiones de formación, los ojos que me prestaban una atención hipnótica se ocultan mirando hacia otro lado y las cabezas se inclinan buscando algún papel perdido ¿la razón? porque nos sentimos identificamos en estas situaciones.

Si estás en proceso de mudanza, o te vas a embarcar en algún cambio de manera inmediata, recuerda que todo empieza en nuestras cabezas. Y si no tienes cambios previstos, imagínalos y llévalos a la práctica.

Imagen © FreeDigitalPhotos

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4 respuestas a Mudanzas mentales.

  1. Alvaro Nieste-Sanz dijo:

    Vos llevais mucha razón cuando afirmás que la mudanza se ubica en nuestra cabeza. Los peores muros de derribar son los que alojamos en nuestro interior. Hay que limpiar. Es muy salubre.
    Gusto por lo que escribís.

  2. Carlos Áselez dijo:

    Limpiar mi entorno me salvó de una depresión. Fue una manera de que el aire entrara en mi vida. Estaba tan cómodo en mi zona de confort que para que iba yo a limpiar nada. mi cabeza pedía a gritos que le diera espacio para nuesvas ideas. ahora leo en tu blog lo que ha pasado en mi vida. saludos.

  3. david gutierrez ramos dijo:

    Me ha gustado mucho y me ha parecido muy interesante.
    En futuras ocasiones me vendrá bien aplicar el método

  4. Pingback: El facilitador. |

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