Pequeños cambios, grandes beneficios.

En ocasiones, abrir un poco una cortina hace que la luz entre de manera diferente en la habitación. Los colores son distintos. Las sombras resaltan aspectos del mobiliario en los que no habíamos reparado. La mayor claridad provoca unos contrastes que pasaban desapercibidos ante nuestros ojos.

Solo hemos desplazado unos centímetros un trozo de tela, pero el efecto que causa en nuestra percepción es significativo. Cambiando la sensación de forma instantánea.

“No sé qué te has hecho, pero pareces distinto”. Frase que hemos escuchado en multitud de ocasiones a quien teníamos delante al tiempo que nos observaba tratando de buscar dónde residía el cambio apreciado. La razón era un nuevo peinado o unas gafas nuevas.

Si esto lo trasladamos al ámbito del desarrollo personal y de gestión de la productividad, comprobamos que inversiones mínimas nos reportan extraordinarios resultados. Nos empeñamos reiteradamente en generar drásticos cambios para recoger mínimos movimientos en comportamientos, actitudes o costumbres.

Acciones tan sencillas como variar la disposición de un lugar de trabajo hace que las personas que ocupan ese espacio puedan sentirse más cómodas a la hora del desempeño de su labor. ¿Hemos preguntado en alguna ocasión a nuestro equipo si están a gusto en el sitio físico donde trabajan? ¿Tenemos posibilidades de eficientar los espacios o el mobiliario de manera que optimice nuestro ambiente de trabajo? En ocasiones es tan sencillo como cambiar una lámpara, mover unas sillas o rotar la disposición de un equipo informático.

La distribución y organización de las agendas ¿responde a nuestras necesidades? o, por el contrario, ¿se establece por la inercia inherente al tiempo que las llevamos usando? ¿Establecemos siempre las mismas reuniones con los mismos interlocutores para abordar los mismos asuntos? ¿Podríamos variar el contenido de las mismas? ¿Propiciar otro lugar de encuentro diferente? ¿Realizar la convocatoria a personas que no hayan participado en ese foro pero que sabemos su aportación puede ser muy enriquecedora? ¿Iniciar la reunión con un sencillo índice o con un recurso audiovisual? ¿Cerrar la sesión realizando un resumen de lo abordado o remitiendo una breve reseña por correo electrónico? Cambios que residen en nuestras manos.

Los recursos para el estudio que empleamos ¿los hemos diseñado nosotros? ¿Los aprendimos de alguien a quien daban buen resultado? ¿Analizamos si nos son productivos? ¿Hemos propiciado variaciones sobre métodos ya probados pero que no nos satisfacían plenamente? ¿Los tenemos sometidos a constantes puestas al día incorporando mejoras? ¿Hemos usado los colores? ¿Los resúmenes visuales? ¿Los mapas mentales? Os emplazo a revisar los artículos de la serie Tiempo de aprender, en los que se explica de manera sucinta estas sencillas variaciones.

Vamos al desarrollo personal. Aquí la lista también es infinita. Voy a transcribir las notas que llevo tomando para escribir el artículo desde hace tiempo y que proceden de la observación de detalles que he comprobado que son excelentes buenas prácticas (algunas, de puro sencillo, producen sonrojo que no se realicen siempre):

  • Después de una invitación a un evento, reunión o convocatoria, llamar al organizador para agradecer el interés mostrado en nuestra asistencia.
  • Saludar y despedirse en cualquier encuentro con personas.
  • Felicitar por el trabajo realizado. No solo el resultado.
  • Valorar el tiempo con nuestros interlocutores de la misma manera que apreciamos el nuestro. La concreción facilita la gestión de los tiempos.
  • Buscar las causas de los fracasos o de las acciones fallidas sin perseguir culpables, analizar qué y cómo se ha producido, tratando de evitar repeticiones futuras. Asumir responsabilidades es imprescindible.
  • Generar autonomía en los equipos. La dirección siempre guiada no siempre es la más efectiva. Dar autonomía incide directamente en la responsabilidad. ¿Cómo buscamos trabajadores o estudiantes autónomos si no propiciamos que aprendan, decidan o ejecuten por sí mismos?
  • Dirigirse a las personas por su nombre, con el apelativo que les agrade y les haga sentirse cómodos.
  • Mirar a los ojos cuando hablamos y nos hablan. ¿De verdad es tan difícil prestar una atención del 100% a nuestro interlocutor?
  • Evitar la multitarea que nos conduce a la eficiencia mediocre. No se resuelve óptimamente aquello sobre lo que no estamos focalizados (Hacer poco pero bien hecho).

En todos los artículos me gusta conocer vuestra opinión, pero hoy especialmente vuestros comentarios son imprescindibles. Os animo a participar en la página, en Facebook o Twitter y que contéis cuáles son esos pequeños cambios que os funcionan.

Imagen © Pixabay

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Una respuesta a Pequeños cambios, grandes beneficios.

  1. Mateo dijo:

    uno muy sencillo: no sentarme jamás a comer con el móvil sobre la mesa. Se trata de respeto.

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