Planchar: modelo de productividad.

camisas

Una de las actividades domésticas que más me gusta es planchar. Hay personas a las que les resulta una tarea cuando menos tediosa. El acto de planchar me produce muchos otros beneficios pero hoy quiero hablar del planchado como modelo de productividad de cualquiera de nuestras tareas.

Planchar es una actividad que precisa de método para llevarla a cabo con éxito. En mis sesiones formativas, la pongo como ejemplo de modelo de planificación de proyectos.

Cuando nos enfrentamos a una tarea, a un proyecto, a un trabajo o a una presentación, comenzamos por distinguir sus apartados antes de abordar la misma. Yo separo por un lado los pantalones, por otro las camisetas y sudaderas, un tercer grupo lo hago con ropa de casa y, por último, las camisas de vestir.

Con esta simple acción, ya tengo distribuidas las cuatro áreas que preciso para el trabajo “Plancha”. En cualquier ocupación, el comienzo pasa por delimitar nuestro marco de actuación.

Después busco las herramientas con las que voy a llevar a cabo la tarea. En mi caso, la tabla de planchar, la plancha, un prolongador de cable y una jarra con agua. Para la tarea propia de cada uno, buscamos las herramientas precisas (ordenador, útiles de escritura, espacio para desarrollar la actividad o tiempo en el que se va a llevar a cabo) que deben ser planeadas antes de emprender el trabajo y evitar así interrupciones.

Una vez que tengo todo el taller de plancha montado y dispuesto para la acción, me gusta siempre empezar por un reto. En este caso se trata de las camisas. Son, dentro de mi actividad, la parte más complicada del trabajo. En muchas ocasiones, quizás tengamos que afrontar e iniciar nuestra labor con algo complejo que nos motive, que nos impulse a la acción. De esta manera, cuando lleguen las camisetas de algodón, la tarea será sencilla.

Ya que he decidido empezar por un desafío, tengo que conocer muy bien cuál es su complejidad para que su desarrollo sea accesible. Este es el momento en que hay que conocer si sobre lo que trabajamos va a ser expuesto en una reunión, o se va a tratar de un documento interno o, si por el contrario, es el trabajo final de curso. Tenemos que conocer qué partes lo componen y cómo hemos de desarrollar cada una de ellas.

Pues bien, ya estoy delante de mi camisa 100% algodón. Compruebo que la plancha tiene la temperatura adecuada para el tejido que manejo y comienzo la tarea.

Los pasos que vais a leer a partir de ahora son los que yo doy para resolver mi actividad. Cada uno debe establecer el método en función de sus planteamientos, necesidades y habilidades. Ya sabéis que existen pautas o modelos genéricos de procesos pero que sois vosotros los que debéis conformar vuestro propio método de trabajo, el que satisfaga de mejor manera vuestros requerimientos.

Yo comienzo por el cuello. Creo que es una de las partes que más luce y por eso requiere mi primera atención. Un cuello bien planchado es carta de presentación. El inicio de cualquier proyecto es la piedra sobre la que edificamos toda nuestra construcción. Si los cimientos son firmes, el edificio crecerá con seguridad.

Una vez he realizado este primer acercamiento a mi camisa (a la tarea), continuo por la parte delantera. Debemos tener cuidado para que las arrugas no nos hagan perder tiempo y tengamos que volver sobre nuestros pasos si no ha quedado bien rematada alguna zona.

Estamos muy acostumbrados a que nos salgan arrugas en los trabajos, en las tareas o en los proyectos. Volvamos un poco hacia atrás y demos un nuevo repaso. Las arrugas no deben ser una barrera insalvable. Los problemas tienen que ser resueltos de igual manera que cuando aparecen las arrugas en la camisa: estiramos bien la tela, humedecemos si es necesario y deslizamos la plancha de nuevo con un aporte extra de vapor. La arruga/problema desaparece.

Vamos moviendo la tela sobre el planchero de manera que pasamos nuestra plancha por todos los sitios. Sin darnos apenas cuenta la camisa va tomando el aspecto que a nosotros nos gusta.

A la vez que avanzamos, aseguramos el trabajo dando un vistazo a lo ya realizado. Nos encontramos con más escollos: bolsillos, botones, pliegues… no ocurre nada. Paramos y analizamos cómo abordar ese obstáculo. ¿Habrá que buscar más información? ¿Preguntamos a nuestros colaboradores? ¿Damos a leer a alguien lo ya realizado? Cualquier problema debe ser una parada que nos invite a la reflexión.

Cuando compramos la camisa en la tienda, no reparamos en lo complicado que puede ser su mantenimiento. Nuestros proyectos no muestran todas sus caras cuando los planteamos. A veces, y tras decenas de folios escritos o un buen número de diapositivas diseñadas, nos damos cuenta de que la tarea tiene más aristas de las que habíamos percibido. No por esto vamos a tirar la camisa a la basura.

Por último, las mangas y los puños. Son también muy importantes ya que, al igual que hablaba de un buen comienzo, hay que procurar un buen final. Los puños son lo primero que se ve cuando estrechamos una mano.

Rematemos nuestro trabajo. Veamos cómo ha quedado la labor en todo su conjunto. Demos un repaso en alguna parte que no haya quedado óptima. Después de haber llevado hasta el final nuestra tarea, no la estropeemos con una conclusión precipitada.

Lo último que siempre hago es colgar la camisa durante un rato para que se le vaya la humedad que ha acumulado durante todo el proceso. Lo mismo tenemos que hacer con nuestros trabajos. Marcar una fecha fin dos días antes de la real para que así se puedan asentar bien los pensamientos y nos permita una revisión.

De lo único que os he hablado en este artículo es de la planificación y del método como herramientas imprescindibles de cualquier tarea. Debemos crear nuestros propios patrones de trabajos que nos conduzcan al éxito de manera sencilla.

Imagen © FreeDigitalPhotos

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