Puntualidad.

puntualidad

Cuando alguna vez nos han preguntado sobre cuáles son los hábitos ajenos que nos producen mayor incomodidad, tomamos un segundo antes de contestar. En mi caso, nunca dudo al responder: la impuntualidad. No es para tanto, me objetan en numerosas ocasiones, quitando importancia a un comportamiento que enmarca muchas actitudes.

La impuntualidad ha sido incorporada paulatinamente a nuestro ritmo de vida. Ha pasado de ser un defecto a un comportamiento admitido, tolerado y hasta, extrañamente, admirado.

Situación modelo. Reunión de amigos para almorzar. De las cinco personas convocadas, hay una que su pauta habitual es llegar con retraso a las citas. No es una demora de cinco minutos. Su media está fijada en treinta minutos. Todos van llegando excepto esa persona. Durante la espera surge el idéntico y reiterado comentario: ¡Cómo es…! ¡Siempre estamos igual!

Al final, los presentes entran en el restaurante y comienza la comida. La entrada ya se ha producido tarde por lo que en el camarero no les recibe precisamente con rostro de alegría. Les comenta las sugerencias y advierte que la cocina va a cerrar en breve. Se apresuran en pedir y repiten ¡Cómo es…! ¡Siempre estamos igual! A la media hora de rigor aparece la persona esperada. ¡Chicos, perdonad el retraso. No sabéis lo que me ha pasado…!

Vuelve el camarero con rostro irritado. Solicita la comanda al que acaba de llegar. Se reanuda la conversación pero hay que hacer un resumen de lo hablado al nuevo comensal. Sirven los primeros platos pero falta el del recién aterrizado. Por cortesía, esperamos. Sin quererlo, generamos en la mesa dos turnos de comida.

Si este ejemplo es entre amigos y nos sienta mal, reflexionemos qué pasa en las comidas profesionales, en los almuerzos por compromiso o esas citas con clientes con los que no existe confianza y somos nosotros los perjudicados.

La persona impuntual transmite falta de organización y planificación, sin entrar en consideraciones de su educación.

Es una conducta que se ve influida por factores externos que son, en ocasiones, inmanejables (por ejemplo, el tráfico). Es cierto que algunos acontecimientos mediatizan nuestros comportamientos pero, si sabemos que en nuestra ruta diaria nos demoramos siempre diez minutos, incluyamos este tiempo en nuestro desplazamiento.

Organización y planificación suponen poner sobre la mesa todas las variables relativas a un asunto para que, combinándolas de una manera efectiva, sean eficientes en la tarea.

No he creído nunca que las personas impuntuales merezcan excusa sobre su comportamiento. Es una conducta desatinada que hay que erradicar y para ello hay que comenzar evitando su tolerancia.

La falta de puntualidad es desencadenante de problemas. Este mal hábito desemboca en incumplimiento de horarios, retraso en las programaciones, descoordinación de equipos o incomodidad en las reuniones. En definitiva, por uno u otro motivo, molestia entre las personas.

La puntualidad (prefiero el término positivo al mismo con denotaciones negativas) se aprende, se maneja y se planifica.

Acabo con una pregunta ¿por qué debo yo supeditar mi tiempo a alguien que no valora el suyo?

Imagen © FreeDigitalPhotos

Composición © MyT

Facebook
Print Friendly, PDF & Email
Esta entrada fue publicada en Impresiones. Guarda el enlace permanente.

Una respuesta a Puntualidad.

  1. luisa impuntualis dijo:

    Yo soy una impuntual recurrente y no estoy orgullosa de ello pero no lo puedo evitar¡¡¡¡
    Me han sucedido a lo largo de mi vida muchas situaciones raras provocadas por llegar tarde y no enterarme de cómo había empezado una conversación, o quiénes eran los que estaban en una reunión. pero no sé que hacer. ahora que va empezar un nuevo año lo mismo me lo propongo……… ideas?????

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.