Sencillo.

Hoy me ha llamado la atención una señora que me preguntaba algo que para ella era muy complejo. He respondido a su petición. Era algo aparentemente sencillo. No tenía ninguna complicación.

Después hemos intercambiado algunas palabras más y, de repente, se ha echado a llorar. Me he quedado desconcertado porque no sabía qué decir. Desconocía qué pasaba. Simplemente me he callado y he esperado a que cesará su llanto. Amargo. Infinito.

Me ha contado lo que le ocurría. Yo creo que no era un problema. Pero la medida de las cosas solamente reside en la cabeza de uno. He tratado de ayudar en lo que podía. Se ha vuelto a poner a llorar. Su respuesta sido muy sencilla. Necesitaba que alguien le escuchara.

Y me planteo: teniendo soluciones tan al alcance de la mano, siendo la ayuda tan simple muchas veces ¿por qué somos tan cabrones?

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